¿Vives para comer? ¿O comes para vivir?

Eres lo que comes, un clásico dicho pero ¿Por qué somos lo que comemos? 

Toda la naturaleza está basada en un balance y nosotros somos parte de él.  Sin embargo el bombardeo de mercadotecnia diciéndonos que debemos comer en lugar de escucharnos a nosotros mismos, nos ha alejado de ese balance y esa intuición nata que tenemos.  Un animal no se equivoca en cuanto a lo que debe comer.  Ellos saben que necesitan y cuando lo necesitan, pero nosotros también, es cuestión de seguir esa intuición dentro de cada uno de nosotros. 

Parte de la filosofía Macrobiótica habla sobre el balance en todo, el famoso Ying y Yang.  Comes ciertos alimentos que te levantan (alcohol, azúcar, cafeína) y ciertos alimentos que te aterrizan (proteína de animal, raíces etc.)

Pero si comes mucha comida que te aterriza o estas en un ambiente muy materialista (que es parte del Yang), necesitas algo de Ying para balancearte.  Aquí es donde entran las adicciones y los antojos, tu cuerpo busca algo que lo levante, busca la azúcar, el alcohol, la cafeína.  Por eso generalmente después de comerte una hamburguesa con papas fritas, se te antoja el refresco o ¡el brownie!

 ¿Cómo balancear tu Ying y Yang sin caer en las adicciones?

Agregando comida natural que te levante: comida cruda, agua, ensaladas, verduras, aumentando tu práctica espiritual.

El chiste está en que cada uno de nosotros nos vayamos conociendo…te sientes agresivo, probablemente haz comido mucha carne.  Te sientes muy disperso, probablemente llevas muchas ensaladas y necesitas una buena sopa de lenteja o ¡hasta una proteína animal!

Regresemos a escucharnos, a seguir nuestra intuición.  Volvamos a integrarnos al balance natural.

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